SOBRE EL HONOR Y LA LEALTAD

Sobre el Honor y la Lealtad

Templario y Caballero… que buscas a tu Dios entre los más pobres de la Tierra, los abandonados, los sin techos, los enfermos, los hambrientos… en las calles, los albergues, en hospitales, en los comedores sociales y demás lugares de cualquier ciudad.

Un día cualquiera, la llamada vino camuflada en una prosa tan maravillosa como inquietante y te preguntabas que podía ocurrirle a una persona que hacía bailar las letras al son de las olas del mar. Pensaste que necesitaba ayuda. Y no dudaste en ofrecersela.

De Norte a Sur la energía telúrica desprendidas de dos almas, comenzaron un viaje de ida y vuelta. La Vida golpeaba duro en ambas direcciones, enfrentándose en una batalla sin cuartel a dos guerreros de Cristo.

Uno el oficial de más rango, con la amenaza de seguir cayendo en el pozo de la desolación y la desesperanza, abatido por la necesidad de sobrevivir en un mundo indiferente y sin conciencia respecto a las personas necesitadas.

El otro, un simple Caballero Templario en constante peregrinación buscando a su Dios, encontrándolo en su oficial superior. Sujeto su mano y le prometió por su honor de Caballero guardarle Lealtad, pasara lo que pasara, hasta salir de aquella extrema situación. Por experiencia entre los más pobres y necesitados, sabía que tenía que emplearse a fondo para combatir en todas las batallas que se presentaran. Sin dudarlo solicito su salida permanente de la Orden, sin explicar los motivos reales de esta decisión, recibiendo solo calumnias.

Templario… sin dudarlo un momento tendiste tu mano a quien la necesitaba. Le juraste Lealtad y durante mucho tiempo libraste las batallas más duras, difíciles y cruentas que te podía imaginar, y lo hiciste con honor, con la cabeza bien alta y la mirada buscando siempre a tu Dios. Y tu Lealtad, Templario se vio recompensada con estas palabras de reconocimiento de tu superior;

“Aunque no tengas emblema, ni estandarte, ni bausant que ondear al viento. Aunque el viento nos ha pegado duro en la cara. Aunque todos mis hermanos me dieron la espalda. Tu, nunca me dejaste solo. Sorteamos todos los peligros que acecharon por el camino, luchando con Valor y Honor, con Fe y Amor en Nuestro Señor. Y vencimos, le ganamos esta batalla a la Vida. Caballero y Templario, ahora que todo ha acabado y los vientos nos son favorables, pongámonos de rodillas, con la cabeza inclinada sobre nuestras espadas Templarias, y demos gracias a Dios por permitirnos recorrer juntos este camino que nos ha llevado hasta su misma Gloria.”

Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria.

Deja un comentario