TEMPLARIOS…LA VEJEZ

la vejez

TEMPLARIOS…LA VEJEZ

Templarios y Caballeros…Terrible carga es la vejez para el hombre. Y los hombres doblan el peso de esa carga por su negligente insensibilidad.  Con una criatura recién nacida se deshacen en cuidados y afectos, más para un hombre cargado de años, reservan su indiferencia en lugar de sus cuidados, y su aversión en lugar de su simpatía.

Tan impacientes están por ver a un recién nacido crecer hasta hacerse adulto, como a una persona madura ser engullida por la fosa. Los niños y los ancianos son, en la misma medida, incapaces de cuidarse a sí mismos, pero mientras que la incapacidad de las criaturas atrae la ayuda amorosa y desinteresada de todos, la incapacidad de los ancianos sólo despierta la ayuda interesada de algunos. Y, en verdad, los ancianos merecen más simpatía que los niños.

Templarios… Cuando la palabra tiene que golpear fuertemente durante mucho tiempo para penetrar en un oído, antes sensible y alerta al más leve susurro.

Cuando los ojos que fueron límpidos se transforman en un salón de danza para las más extrañas manchas y sombras;

Cuando el pie, en otro tiempo alado, se convierte en un bloque de plomo, y la mano que modelaba la vida se transforma en un molde quebrado;

Cuando la rodilla está dislocada y la cabeza es un títere prendido al cuello;

Cuando las muelas del molino están desgastadas y el propio molino es una tenebrosa caverna;

Cuando levantarse supone sudar por miedo a caerse, y sentarse supone permanecer con la dolorosa duda de no saber si se levantará de nuevo;

Cuando comer y beber es temer las consecuencias de haber comido y haber bebido, y no comer ni beber significa ser presa de la odiosa muerte;

Sí… cuando la vejez desciende sobre una persona, entonces llegó la hora, hermanos, de prestarle oídos y ojos y de darle manos y pies, y amparar con nuestro amor las fuerzas que le abandonan, para hacerle sentir que no es, en modo alguno, menos amada por la vida en los días de su decadencia de lo que fue en los días de su niñez, o de su adolescencia.

Ochenta años no son más que un abrir y cerrar de ojos con relación a la eternidad. Pero para una persona que se sembró a sí misma durante ochenta años, es mucho más que un abrir y cerrar de ojos.

Ella es el alimento para todos aquéllos que cosechan su vida. ¿Y qué vida no es cosechada por todos? ¿No estáis vosotros cosechando, en este mismo instante, la vida de todos los hombres y mujeres que ya caminaron por esta Tierra? ¿Qué es vuestro hablar sino la cosecha de sus discursos? ¿Qué son vuestros pensamientos sino el fruto de los suyos?

Vuestras propias ropas y casas, vuestro alimento, vuestros enseres, vuestras leyes, vuestras tradiciones y tratados, ¿no son las ropas, las casas, los alimentos, los enseres, las leyes, las tradiciones y los tratados de los que aquí estuvieron y se fueron antes que vosotros?

Ninguna cosa recogéis una sola vez, sino que recogéis todas ellas en todo momento. Vosotros sois los sembradores, la cosecha, los segadores, el campo y la era. Si vuestra cosecha es pobre, mirad la semilla que sembrasteis en los demás y la que permitisteis que ellos sembraran en vosotros.

Caballeros y Templarios…Una persona anciana, ciertamente merece vuestro mayor cuidado. Si amargaseis con vuestra indiferencia sus años, que todavía son ricos en cosas que deben ser recogidas, aquello que de ella recogisteis y guardasteis, y lo que todavía podáis recoger, amargará vuestra boca.

Sed bondadosos con las personas de todas las razas y regiones, hermanos, pues son el alimento en vuestro camino hacia Dios. Sed especialmente bondadosos con las personas de edad, pues vuestra falta de bondad puede corromper el alimento y no conseguiríais llegar al término de vuestro viaje.

+++ Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria. +++

 

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