HOMBRE CONTRA HOMBRE

hombre contra hombre

HOMBRE CONTRA HOMBRE

Templario y Caballero… Aunque los días febriles te arrojen de un lado para otro; y las noches sin estrellas te envuelvan en sus tinieblas; y seas arrojado a las encrucijadas del mundo, y aunque no haya rastros ni señales que te muestren el camino, no temas a ningún hombre ni circunstancia, ni tengas la menor sombra de duda de que los días y las noches, así como los hombres y las cosas, más tarde o más temprano te buscarán y te pedirán humildemente que les guíes, pues habrás conquistado la confianza de sus corazones.

Los hombres, esclavos del nefasto dinero, están ocupados al servicio de su señor, excesivamente ocupados para que puedan prestar atención a cualquier voz o voluntad que no sea su propia voz y voluntad. Y es pavoroso el negocio del señor de los hombres: transformar el mundo en un matadero en el que ellos son, a la vez, los matarifes y las reses que han de ser abatidas. Y así, embriagados de sangre, los hombres asesinan a los hombres en la ilusión de que el que mata hereda la parte de los que ha matado, en todos los confines de la Tierra y la magnificencia de los cielos.

¡¡Infelices y pobres ingenuos!! ¿Desde cuándo una serpiente se transforma en paloma por haber aplastado y devorado a otras serpientes?

Templario… Miente quien dice a los hombres: «Cada nación para sí». ¿Cómo podría el ciempiés avanzar una sola pulgada si cada una de sus patas se moviese en dirección diferente, u obstaculizara el progreso de las demás, o planeara su destrucción? ¿Acaso no es la humanidad un monstruoso ciempiés cuyas numerosas patas son las diversas naciones?

Miente quien dice a los hombres: «Dirigir es una honra. Ser dirigido, una vergüenza.» ¿No está el carcelero preso por el prisionero? En verdad, el delincuente encarcela a su carcelero.

Miente quien dice a los hombres: «La carrera es del más rápido, la razón del más fuerte.» La vida no es ninguna competición de músculos y fuerza. El lisiado y el mutilado, a menudo, alcanzan la victoria mucho más fácilmente que los demás. E incluso hasta un mosquito vence a un gladiador.

Miente quien dice a los hombres que el mal sólo puede ser corregido por el propio mal. Un mal superpuesto a otro, jamás podrá transformarse en bien. Aísla el mal, y él se destruirá a sí mismo.

Los hombres son crédulos en lo que respecta a la filosofía de su señor. El dinero y los ávidos de él creen piadosamente y obedecen religiosamente sus más extravagantes caprichos; al tiempo que no prestan atención ni confían en el propio Dios. Y tú, Templario, serás calumniado como un loco y un impostor. No debes ofenderte por la ingratitud y por la dolorosa burla de los hombres; trabaja con amor e inagotable paciencia para liberarles de sí mismos. Ya es tiempo de que los hombres cesen de matar a los hombres.

Templario y Caballero… El Sol, la Luna y las estrellas están, desde la eternidad, esperando ser vistos, oídos y comprendidos; el alfabeto de la Tierra espera ser descifrado; las vías del espacio esperan ser surcadas; el enmarañado hilo del tiempo espera ser desenredado; la fragancia del Universo, ser inhalada; las catacumbas del dolor, ser demolidas; la guarida de la muerte, ser devastada; el pan de la Comprensión, ser probado; y el Hombre, semejante a Dios, ser desvelado.

Ya es tiempo de que los hombres unan filas para llevar a cabo una Cruzada en común. Inmensa es la tarea, pero dulce la victoria. Todo lo demás, en comparación, es trivial y vacío. Sí, ya es tiempo. Pocos, todavía, serán receptivos a esto. Los demás tendrán que aguardar una nueva llamada… una nueva Cruzada, para mayor Gloria de Nuestro Señor.

 

+++Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros sino a Tu nombre sea dada la Gloria.+++

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