TEMPLARIOS Y CABALLEROS

templarios y caballeros

¡Creo en Dios, le dedico mi vida y lucho en su nombre y para su Gloria!

TEMPLARIOS Y CABALLEROS

Muchas son las leyendas que rodean a los Templarios y Caballeros, algunas de las cuales y debido a la considerable influencia de que gozaron ha dado pie a muchas especulaciones acerca de su función efectiva.

Desde el momento de su fundación la Orden Templaria, disfruto de privilegios especiales que la segregaron del resto de la sociedad. Su regla fundacional los vinculaba a la función de protectores de los caminos de peregrinación que llevaban a Jerusalén y de allí partían. Sus votos de castidad, pobreza y obediencia confirmaron a la Orden en su declaración de servicio leal a su Gran Maestre y a los hermanos.

La imagen de la Orden cautivó la imaginación de los reyes y de los súbditos por igual y la exención especial de impuestos y tributos se impuso rápidamente por doquiera la Orden establecía commanderies o reclutaba miembros de la comunidad.

El creciente poder de los Templarios y Caballeros, bien pronto superó sus modestas aspiraciones iniciales. A los miembros de la institución se les encomendaron delicadas tareas diplomáticas, que los llevaron a establecer contacto con las mentes ilustradas del Imperio árabe. Con ello indudablemente prosperaron, aprendiendo las ciencias de los antiguos mundos griego y romano, conocimientos largamente olvidado o deliberadamente reprimido.

Debido a la captura de la Ciudad Santa por los caballeros cruzados de Occidente en 1099, Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer establecieron un cuartel general para su nueva Orden dentro del recinto de palacio del monte del Templo. Al tiempo de su inauguración (hacia 1120) durante el reinado de Balduino II, rey de Jerusalén, aquel núcleo de hombres constituyo un centro de poder. Jerusalén y sus alrededores estaban literalmente a sus pies.

Hasta día de hoy sigue siendo dudosa la fecha exacta de la fundación de la Orden Templaria, con referencia a una “milicia de Cristo” presente en la Ciudad Santa en 1114 y textos contradictorios de los cronistas.

Durante los primeros nueve años de su existencia, la Orden apenas se expandió más allá del grupo originario de los nueve Templarios y Caballeros que habían jurado lealtad y obediencia a su Maestre y al papa. Los Templarios y Caballeros, aunque pocos en número al tiempo de su regreso a Francia en 1127, pronto llegaron a ser una fuerza militar extraordinariamente eficaz.

Sin embargo, no confinaron sus actividades en Jerusalén a combatir contra los sarracenos. Otra actividad capto su imaginación: habían aprendido a excavar.

Al cabo de una generación, los jefes Templarios y Caballeros, en compañía de su primer Gran Maestre, Hugo de Payens, dejarían Palestina para continuar en Europa la causa de su fraternidad. Habían dejado Jerusalén tras realizar excavaciones bajo el monte del Templo, según lo testifican documentos todavía existentes.

Ya no eran los “pobres conmilitones” del título completo de la Orden; y se han hecho muchas conjeturas sobre las excavaciones y sobre el tesoro que supuestamente encontraron.

¿Qué fue, pues, lo que descubrieron los Templarios durante su campaña excavadora?

A falta de un testimonio concluyente, se puede especular que encontraron riquezas en forma de monedas de oro y otros tesoros, que ciertamente habrían mejorado su situación económica. Pero no estuvieron huérfanos de ricos patronazgos, según lo testifican los legados de personas simpatizantes.

El misterio que ha rodeado a la Orden hasta el día de hoy, combinado con la pista que dejaron en el mapa de Jerusalén, implica una especie muy diferente de descubrimiento.

Los Caballeros Templarios

En el siglo XII Jerusalén habría conservado yacimientos y cementerios antiguos que se remontaban a la época romana. Cementerios judíos conteniendo tumbas de la dinastía herodiana habría podido identificarlos como tales el visitante del siglo XII, y su destrucción habría planteado escasos problemas morales a los Templarios, toda vez que sus inquilinos eran “paganos”. De no haber sido los restos mortales de Jesús lo que los Templarios encontraron bajo el monte del Templo.

¿Habían descubierto por casualidad o de propósito la entrada a la tumba del siglo I que contenía una urna? ¿Una urna que les proporcionase la prueba sobre el destino de Jesús, un destino que difería notablemente del de los relatos evangélicos?

En los estados embrionarios de la Iglesia, Pablo había hecho ciertas concesiones a la herejía, declarando que era una forma útil de separar al creyente del incrédulo; pero en el siglo XII tan confuso liberalismo había sido olvidado o simplemente era ignorado. Sin embargo, esta discrepancia con respecto al mensaje de Pablo tuvo graves consecuencias para el futuro de todas las naciones cristianas de Europa.

Proclamaba una regresión hacia la intolerancia de la que solo era posible una salida: el sofocamiento del progreso social y la represión continuada del derecho de los individuos a la autodeterminación. La cruzada albigense contra los cátaros en el siglo XII marco el comienzo de las luchas religiosas entre cristianos, sostenida con el apoyo del poder estatal. Todo ello culminaría en las guerras de religión de los siglos XVI y XVII.

¿Qué camino había conducido a ese error? ¿Porque la Iglesia, con un modelo tan ejemplar como Jesús de Nazaret, acometía con tanto celo la opresión contra los cristianos hermanos?

La respuesta se encuentra en parte en los orígenes de la Iglesia cristiana y en el problema de la puesta en práctica de las palabras de Jesús. Poca duda puede haber de que Jesús fue un revolucionario y que el mensaje que había promovido era tan altamente altruista que su plena aceptación en cualquier sociedad jerárquica se demostraría imposible, por cuanto la misma jerarquía quedaría socavada.

Sus bellos ideales igualitarios quedaron perjudicados tan pronto como se extendieron a la comunidad. El cristianismo podía aspirar al éxito, pero ¿reflejaba el verdadero mensaje de Jesús?. Para muchos, desde los nazarenos judeocristianos hasta los cátaros del Languedoc, el verdadero mensaje había muerto con la elección del primer papa de Roma, y la auténtica tragedia de Jesús era la manera en que sus Palabras habían sido distorsionadas.

“Ellos hacen negocio con mi palabra. Y quieren propagar un destino cruel”. – El Apocalipsis de Pedro.

+++Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria+++