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¡Creo en Dios, le dedico mi vida y lucho en su nombre y para su Gloria!

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Caballeros Templarios portando el bausant

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No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria.
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Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden de los Templarios

El Tesoro que todos buscan

Non Nobis Gran Maestre, Jacques de Molay, ante Vos este humilde Caballero para mostrarle mis respetos y mi absoluta Lealtad.

Mucho tiempo ha pasado desde aquel fatídico día 18 de Marzo de 1314. Y mucho ha cambiado el mundo desde entonces.

Decirle Gran Maestre, que a pesar de las persecuciones, condenas y ejecuciones de nuestros hermanos, nunca, jamás hasta nuestros días, han conseguido nuestros enemigos, silenciar nuestra voz y mucho menos borrar nuestra historia.

En intensidad han sido los deseos de los traidores de apoderarse de todo lo perteneciente a nuestra Orden, y en cantidad los medios empleados para tal fin.

Durante largo periodo de obscuridad, y gracias a la valentía y la astucia de nuestros hermanos ha sido posible transmitir de generación a generación todo nuestro Conocimiento que ha mantenido viva la llama del Espíritu Templario.

Todos buscaban un tesoro que jamás han logrado encontrar.

La codicia y la ambición de nuestros envilecidos enemigos los han llevado a cometer todo tipo de aberraciones sobre el ser humano, deteniendo, torturando y quemando a todos los que no le eran fiel ni compartían sus falsos postulados.

El miedo y el terror acampaba por doquier, mientras ellos iban acumulando poder y riquezas. El mundo se hizo gris y oscuro durante mucho tiempo.

Todo ha cambiado, Gran Maestre, en el mismo momento que sufrimos vuestra penosa perdida junto a la de numerosos hermanos, se rompieron todos los acuerdos, reglas y obediencia con quienes injusta y vilmente nos traicionaron, desapareciendo cualquier afecto hacia las cosas seculares y de monasterios, pues el Temple volvía a ser lo que fue en un principio, por la Gracia Divina de Nuestro Señor, soldados de la Blanca Milicia de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomon.

El tesoro que todos buscan Gran Maestre, lo lleva guardado en su corazon cada hermano Templario, oro puro que emana directamente del Espíritu Divino, pues el Temple es de Dios Nuestro Señor, y solo El elije a sus soldados.

Este glorioso tesoro, se ha venido engrandeciendo con el devenir de los tiempos, en cada criatura nacida, nacía un corazon Templario. Toda la información de lo que son y el propósito para el que fueron elegidos la tienen en su interior, tan solo es cuestión de tiempo que tomen conciencia, pues los tiempos, Vos lo sabéis bien, están marcados para cada propósito y que llegado el momento todo lo oculto se revelara.

Mientras tanto, yo le prometo por mi Honor y Lealtad, seguir luchando para que llegado el momento el Temple sea solo uno, como siempre lo ha sido, lo es y lo será hasta la eternidad, habiendo cumplido la Gran Obra Divina en este mundo.

Cogeré lo que necesite para llevar a cabo mi tarea, utilizare todos los medios a mi alcance para librar mi batalla contra la gran serpiente que habita en la cueva edificada sobre la Piedra y que no ha dejado de engordar a costa del empobrecimiento y el sufrimiento de los seres humanos.

Solicitare la ayuda de mis hermanos Templarios, hoy repartidos por las numerosas ordenes que se hacen llamar templarías, creadas por y para seguir los falsos mandatos de los que fueron los grandes instigadores y traidores de todas las injurias y acusaciones vertidas sobre nuestra amada Orden.

Compartiré y animare a mis hermanos Templarios para que sigan divulgando y expandiendo el Conocimiento de nuestra Historia y del Temple, allá donde estén desarrollando su actividad.

En cada paso, en cada acción realizada, pondré siempre, sin titubear, la defensa y manifestación de mis principios cristianos y los valores de Caballero Templario, soldado de la Blanca Milicia de Cristo, guía y luz de la humanidad, porque no se llega al Padre si no es a través del Hijo.

Estas son las cruzadas en este Tiempo nuevo, en esta nueva Era, en la que la Verdad será manifestada y nos hará libres para mayor Gloria de Nuestro Señor, porque nuestra espada no es una espada de guerra, sino de paz y justicia.

Le pido su bendición para que la fuerza de su espíritu y la Fe en Dios  nos acompañe siempre, y hasta que volvamos a vernos……..

In Aeternum, Gran Maestre Jacques de Molay

“ No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria. “