Godofredo de Bouillon: Un Rey para un reino

Godofredo de Bouillon: Un Rey para un reino

Godofredo de Bouillon es el prototipo de gran caballero cristiano que nos ha transmitido su leyenda. Y es que el Godofredo real es, a la vez, un cruzado legendario. Era hijo del conde Eustaquio II de Boulogne, descendía por parte materna de Carlomagno y su feudo, dependiente del Sacro Imperio Romano Germánico, comprendía gran parte de Bélgica (era además conde de Amberes) y el Señorío de las Ardenas, aunque el condado se extendía más al sur.

Sus feudos estaban enclavados en una región sometida a fuerte influjo de Cluny y para obtener fondos con destino a la Cruzada hipotecó buena parte de sus tierras. Tenía el aspecto de todo un señor, alto e imponente, rubio de barba y cabellera, dotado de tanto valor como fortaleza y conocido por su piedad y tendencia a la oración.

Partida hacia Tierra Santa

Dos de sus hermanos le acompañaron en la gran aventura: el mayor, Eustaquio III de Boulogne, y el menor, Balduino. Muchos caballeros del Mosa, de Lorena y de Valonia siguieron a los hermanos de la casa de Boulogne.

Como Godofredo era leal al Emperador, aunque no se sentía enemigo del Papa, evitó el viaje por Italia y condujo a sus tropas por Hungría. Godofredo impuso una disciplina severísima a su ejército, e incluso tuvo la osadía, después de haber acampado a orillas del Cuerno de Oro en la víspera de Nochebuena de 1096, de atacar la capital de Bizancio, Constantinopla, tras negarse a jurar fidelidad al emperador Alejo cuando se la exigió, si bien los imperiales obtuvieron una brillante victoria defensiva.

Durante la peregrinación armada hacia Tierra Santa, Godofredo de Bouillon también participó activamente en las batallas de Nicea y de Dorilea contra los turcos y en el asedio y asalto de Antioquia en el 1098.

Godofredo de Bouillon entra en Jerusalen

El 7 de junio del año 1099 los cruzados entran en Jerusalén. El recinto amurallado de Jerusalén formaba aproximadamente un pentágono irregular. Al cercar la ciudad, Godofredo de Bouillon cubrió la muralla del ángulo noroeste, junto a la Puerta Nueva.Godofredo de Bouillon entra en Jerusalen

En el atardecer del 14 de julio de 1099, durante el asalto a la ciudad, las tropas de Godofredo adosaron las escalas al muro y treparon con rapidez increíble. Desde lo alto de la muralla el duque Godofredo ordenó a sus capitanes que abriesen las puertas próximas -la de las Flores y la de Damasco- por las que se precipitó con ansia incontenible el grueso del ejercito cruzado.

Los jefes musulmanes se rindieron ante Tancredo en la explanada de Haram-es-Sherif, los normandos profanaron la Mezquita de la Roca y la saquearon, el jefe supremo de la defensa, Iftikhar, fue apresado por los hombres del conde de Tolosa cuando trataba de refugiarse en la Torre de David.

Después de la inmensa victoria, los cruzados, que desahogaron así el recuerdo vivo de sus sufrimientos y penalidades, se entregaron a la más espantosa e imparable de las venganzas.

Épico y emocionante será imaginar, por otra parte, a aquellos grandes señores de la Cruzada cuando, después de tantos años, los sueños de Clermont (ciudad en la que se llevó acabo el concilio que convocó la Cruzada) se convirtieron en realidad, y, tras recorrer la Vía Dolorosa, la misma por la que Jesús caminó con su pesada cruz hacia el calvario, y el barrio cristiano, sus pies hollaron por fin la iglesia del Santo Sepulcro, donde habrían de postrarse extenuados pero exultantes de fe y gozo, y seguramente con lágrimas surcando sus polvorientos y curtidos rostros, ante la tumba de Cristo.

Elección de un Rey

Tres días después de la conquista de Jerusalén los principales jefes de la Cruzada se reunieron para un consejo extraordinario con asistencia de los más altos clérigos, en la Torre de David, luego de Herodes y hasta unos días antes palacio del gobernador musulmán, para tratar los asuntos más perentorios.

Cuatro eran los candidatos para ser coronado Rey de Jerusalén: Raimundo de Tolosa, Roberto de Flandes, Godofredo de Lorena (Bouillon) y Roberto de Normandía. Dos condes y dos duques que habían hecho prodigios de valor frente al enemigo y habían dado sobradas muestras de competencia.

Por causas poco claras, y si bien todo apuntaba en un principio a que sería nombrado jefe supremo de Jerusalén Raimundo de Tolosa, finalmente la corona fue ofrecida a Godofredo de Bouillon, que creyó su deber aceptar, pero con una negativa tajante a la dignidad real: «No llevaré corona de oro donde Cristo la llevó de espinas».

Y pidió como título de honor y autoridad suprema el de Advocatus Sancti Sepulchri, Defensor del Santo Sepulcro. Poco después se aprobó la elección de Arnulfo de Rohes como Patriarca de Jerusalén. El anterior, Simeón, acababa de morir en su exilio de Chipre.

Con la aprobación del Defensor el nuevo Patriarca designó a veinte canónigos, embrión de la futura Orden del Santo Sepulcro, para que sirviesen al culto en la Iglesia del Santo Sepulcro, y fundió campanas para los toques litúrgicos que los musulmanes habían prohibido.

Los sacerdotes cristianos ortodoxos se vieron obligados a devolver el mayor fragmento de la Vera Cruz que fue venerado desde entonces como símbolo y talismán del reino Cruzado.

Los canónigos del Santo Sepulcro fueron dotados de capas blancas que llamaron la atención del grupo que seguía unido en torno al caballero Hugo de Payens, y que hasta entonces seguía pasando desapercibido.

Tras varias campañas militares en Oriente, el Defensor del Santo Sepulcro Godofredo de Bouillon sucumbió a una grave enfermedad el 18 de julio del año 1.100.

Parece ser que ya Godofredo sabía de antemano que él habría de ser elegido Rey de Jerusalén, y de hecho fue el único de los comandantes europeos que renunció a todos sus feudos, que vendió todos sus bienes y que dejó bien sentado que Tierra Santa sería su dominio durante el resto de su vida.

+++Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria+++

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Un comentario

  1. Sacrificó su Reyno y sus tierras para para la primera cruzada su nombre paso a la historia por ser un hombre con convicciones y valor en la primera cruzada

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