Los Guardianes del Secreto

Los Guardianes del Secreto

¿Cómo hicieron los guardianes del más Secreto de los secretos para salvaguardarlo en el tiempo a pesar de las catástrofes y la destrucción? La primera manifestación del Secreto descubierta fue el mapa de Jerusalen, conservado en La Haya, “oficialmente” datado en algun momento del siglo XIII.

Suponiendo que los Templarios fueron los ocultadores y en consecuencia los primeros que trazaron el mapa del Secreto, se les habría facilitado una copia a cada uno de los miembros fundadores. La posibilidad de transmitir oralmente el conocimiento habría sido un recurso adecuado en el supuesto de la destrucción forzosa de documentos.

La rapidez con que alcanzaron una gran influencia en los niveles más altos, que les otorgo el poder de coronar y deponer reyes, debió de haberles procurado la confianza de que en un futuro previsible no sería necesaria una mayor proliferación o diversificación de datos recordados.

Durante dicho periodo se guardó religiosamente el Secreto, pero por las cortes debió flotar el aroma de un conocimiento sagrado y secreto, que a su debido tiempo seria descubierto por los poetas cortesanos y que emergería como los poemas caballerescos del Grial.

Aquel fatídico dia de 1307 en que se llevó a cabo un intento de arrestar a todos los Templarios, fue el comienzo del fin de la Orden. Cinco años despues fue formalmente prohibida. La resistencia armada no era una opción a causa del voto de los Templarios de no tomar las armas contra los cristianos, pero la maniobra contra ellos no los pillo por sorpresa.

Algunos caballeros escaparon con documentos y objetos de valor. Quienes se quedaron esperaban probablemente que todo aquello no redundase en una perdida para la Orden y que el apoyo histórico del papado aliviaría sus dificultades transitorias.


Tranquilamente cabe suponer que algunas copias de los mapas secretos fueron retiradas ocultamente con otros documentos incriminadores, yendo a parar a países simpatizantes de la Orden y quizás incluso bajo el gobierno de adeptos a la misma.

Es posible trazar la evolución de una jerarquía de sacerdotalismo, en la que se permitieran varios grados de conocimiento. A lo largo de los años ese desarrollo habría conferido diversos beneficios a los países interesados.

La moderna francmasonería exhala un aura de exclusividad, de sacerdotalismo, que muchos encuentran irresistible. La promesa de iluminación y el deseo de “pertenecer” son trampas que se cierran con un chasquido. Y una vez dentro el novicio está atado por las amenazas de duras represalias en el caso de revelar los secretos.

Eso mismo provoca un escalofrío de excitación y refuerza la creencia en la importancia del exiguo conocimiento que se le permite adquirir. Por supuesto que son muy pocas las revelaciones de francmasones rebeldes. No hay ninguna necesidad de las mismas por cuanto la mayoría de francmasones conocen poco o nada de los grandes secretos.

Ni siquiera en los niveles más altos que pueden alcanzarse escalando los grados se logra un sacerdotalismo. Y así ha debido ser siempre. Solo a través de la decisión del escalón invisible más alto sera seleccionado para la iluminación un miembro de especial capacidad, cosa que para algunos resulta una carga insoportable.

Está bien documentado que durante los siglos XII y XIII las filas templarias crecieron notablemente. Ese reclutamiento masivo muy bien pudo haberse debido a una política deliberada, tendente a proteger “el conocimiento” y a proporcionar una infraestructura oculta de la que poder disponer en tiempos de necesidad.

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Solo podía contar una cabeza de Estado sacerdotal, ya fuera un rey o un duque, para asegurar una protección a los miembros en los niveles más altos. Un Secreto de semejante magnitud habría garantizado una lealtad que transcendía las divisiones geográficas y las barreras de las nacionalidades.

En 1306 o incluso antes, la posibilidad de un desastre, habría resultado evidente para los Templarios y para quienes los apoyaban. El dia de los arrestos masivos no se encontraron documentos ni tesoros.


Los guardianes del Secreto y Templarios de grado caballeresco, que habían permanecido para hacer frente a sus acusadores, habrían de afrontar los peores excesos de la Inquisición, confiando en su propia capacidad para soportar la pena del tormento por causa del Salvador y para mantener a salvo el Secreto.

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Las filas templarias de sargento para abajo solo tenían un concepto muy vago de los secretos de la Orden, como demuestran sus testimonios confusos y contradictorios.

Con los Templarios que escaparon desaparecieron sus documentos, y entre ellos algunos mapas. O tal vez dichos artículos les habían precedido en el exilio y ya estaban a salvo en manos y territorios como Escocia, Lorena y los actuales Países Bajos.

Eran Estados fuera del control del rey de Francia y en consecuencia eran lugares de asilo contra los peores excesos de la persecución. En algunos casos y con el tiempo, los Templarios que se habían quedado se fueron diluyendo entre otras Ordenes, como la de los Caballeros Teutónicos, o simplemente desaparecieron.

Los métodos utilizados para ocultar o contribuir a la preservación del Secreto han sido numerosos y variados. Se ha recurrido a talentos en los campos de la literatura, el grabado, la escultura, la topografía, la criptografía, la cartografía y la labor propia del anticuario.

Es una empresa extraordinaria, que no solo se ha prolongado a lo largo de los siglos, sino que ha mostrado algunas facetas notables en manos de personalidades relevantes y muy diferentes.

El ejemplo inmediato de una preservación tangible del Secreto muestra que se había dado un desarrollo que iba a prevalecer hasta el siglo XIX.

+++Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria+++

Texto resumido de los investigadores Richard Andrews y Paul Schellenberger.

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