La Orden de Sión y los Caballeros Templarios

La Orden de Sión y los Caballeros Templarios

Fundación de la Orden de Sion

La Orden de Sión, fue fundada por Godofredo de Bouillon, de la cual nacería después la Orden del Temple. En los textos de los Dossiers Secrets, se alude a una Orden de Sión que fue fundada por Godofredo de Bouillon en 1090, nueve años antes de la conquista de Jerusalén, aunque otros documentos Prieré (documentos apócrifos como los Dossiers Secrets que aparecieron a raíz del hallazgo en Rennes-le-Château de ciertos pergaminos) dan como fecha de fundación el año 1099.

También según estos textos, Balduino, el hermano menor de Godofredo que le sucedió como rey de Jerusalén, «debía su trono» a la Orden. E igualmente según el texto, la sede oficial o «cuartel general» de la Orden era una abadía concreta: la abadía de Nuestra Señora del Monte Sión en Jerusalén. O quizás en las afueras de Jerusalén, en el monte Sión, la famosa «colina alta» situada al sur de la ciudad.

Los monjes de Calabria

Además, se sabe, por ejemplo, que, en 1070, veintinueve años antes de la Primera Cruzada, determinado grupo de monjes procedentes de Calabria, en la Italia meridional, llegó a las inmediaciones del bosque de las Ardenas, que era parte de los dominios de Godofredo de Bouillon.

Al parecer, este grupo de monjes era mandado por un individuo llamado Ursus, nombre que los documentos Prieuré relacionan constantemente con la estirpe merovingia. Al llegar a las Ardenas, los monjes calabreses obtuvieron el patronazgo de Matilde de Toscana, duquesa de Lorena, que era tía de Godofredo de Bouillon y, de hecho, madre adoptiva del mismo.

De Matilde recibieron los monjes una extensión de terreno en Orval, no lejos de Stenay, donde el rey merovingio Dagoberto II había sido asesinado unos quinientos años antes. En dicho terreno construyeron una abadía. Sin embargo, no se quedaron mucho tiempo en Orval.

Abadía de Orval
Ruinas de la Abadía de Orval.

En 1108 ya habían desaparecido misteriosamente, y no se conserva ningún testimonio de su paradero. Cuenta la tradición que volvieron a Calabria, si bien otras fuentes indican que marcharon a Jerusalén tras la toma de dicha ciudad por los cruzados, con una misión muy concreta.

En 1131 Orval era ya uno de los feudos propiedad de san Bernardo de Claraval, el influyente monje de la Orden del Císter tan íntimamente ligado, a los orígenes y constitución de la Orden Templaria.

Pedro el Ermitaño

Entre los monjes de Orval se encontraba el hombre al que posteriormente se conocería por el nombre de Pedro el Ermitaño. Si esto es verdad, sería extremadamente significativo, pues a menudo se cree que Pedro el Ermitaño fue el preceptor personal de Godofredo de Bouillon.

Y no es esto lo único que le permite aspirar a la fama. En 1095, junto con el Papa Urbano II, Pedro se dió a conocer en toda la cristiandad predicando con mucho carisma la necesidad de una cruzada, una guerra santa para recuperar el sepulcro de Cristo y Tierra Santa, que estaban en manos de los infieles musulmanes.

Hoy día a Pedro el Ermitaño se le considera como uno de los principales instigadores de las cruzadas.

Todo esto, y muchos otros aspectos intrincados, hace que podamos preguntarnos si habría existido alguna continuidad oscura entre los monjes de Orval, Pedro el Ermitaño y Godofredo de Bouillon y su Orden de Sión.

En 1099, inmediatamente después de la conquista de Jerusalén, un grupo de figuras anónimas se reunió en cónclave secreto. La identidad de este grupo ha escapado a todas las investigaciones históricas, aunque tres cuartos de siglo más tarde Guillermo de Tiro dice que el más importante de ellos era «cierto obispo de Calabria».

En todo caso, el propósito de la reunión era evidente: elegir un rey de Jerusalén. Y a pesar de los persuasivos argumentos de Raimundo de Tolosa (aunque haya historiadores que afirmen que Raimundo de Tolosa renunció al cargo), los misteriosos y obviamente influyentes electores se dieron prisa en ofrecer el trono a Godofredo de Bouillon.

Son muchos los interrogantes que podemos formularnos a tenor de estas, llamémoslas coincidencias históricas, a la que podemos añadir el hecho de que André de Montbard, el misterioso tío de san Bernardo de Claraval y uno de los nueve caballeros fundadores de la Orden del Temple, aparece en los Dossiers Secrets como miembro de la Orden de Sión, es decir, de otra orden que es anterior a la del Temple e interviene decisivamente en la creación de ésta.

Los Caballeros Templarios

Tras la inmensa victoria de los cruzados, nadie había reparado en un grupo de jóvenes, procedentes de Champaña y otras regiones próximas, que habían participado en esa Primera Cruzada, según creen algunos, en el ejército del conde Hugo de Vermandois, o en el de Roberto de Flandes, según otros.

Sea como fuere, lo cierto es que estos caballeros no habían cometido ningún desmán y parece ser que en todo momento habían observado una vida ejemplar, no involucrándose durante la toma de Jerusalén en masacres tales como el asesinato de los prisioneros musulmanes encerrados en la mezquita de Al-Aqsa que estaban a cargo del normando Tancredo, ni en la quema de judíos vivos dentro de su sinagoga principal, por poner dos de los casos más sangrientos.

La Historia oficial dice que el noble de Champaña a quien el pequeño grupo consideraba como jefe y guía espiritual se llamaba Hugo de Payens, debido a que su casa solariega estaba situada en ese pueblo próximo a Troyes, y se distinguía por su profunda piedad, interesándose cada vez más por la protección de los peregrinos que llegaban de Occidente. Pese a su juventud, meditaba continuamente, junto con sus compañeros de armas, sobre una nueva forma de caballería cristiana que se conocería, unos años más tarde, como la Orden del Templo de Jerusalén u Orden del Temple.

Este grupo excepcional de caballeros, destinado a ejercer una profundísima influencia en Oriente y Occidente, estaría después familiar y misteriosamente relacionado con un joven y noble monje del Císter poseído de un ideal religioso y caballeresco al mismo tiempo a quien se conocería en la Historia como San Bernardo de Claraval.

Oficial y aparentemente la Orden del Temple habría de nacer con ese loable propósito de auxilio al peregrino, pero existen enigmáticos aspectos, sucesos, mitos y personajes que, considerados en su conjunto e intentando encajar sus piezas como si de un cósmico rompecabezas se tratase, inducen a pensar que tras esas transparentes intenciones se oculta algo más que envuelve en un halo de insondable misterio y oscuridad los orígenes de la Orden Templaria.

+++Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria+++

5/5 - (1 voto)
Compartir

Deja un comentario

4 × 3 =

Translate »