Condenados a la Victoria

Condenados a la Victoria

Templarios y Caballeros… condenados a la Victoria por la Gracia de Dios. Soldados llamados en formación para recibir la energía Divina que fortalece el espíritu y el corazón. Guerreros unidos para luchar y para vencer en hermandad.

Hermano, cuando puedas comprender que las fronteras solo son líneas imaginarias que el viento un día borrara de la faz de la Tierra llevándose la palabra “emigración” haciéndolas desaparecer, y sientas la fuerza que tiene un abrazo sin importar la raza, el color ni el lugar, entonces, hermano, estarás condenado a la victoria.

Cuando entiendas el valor de las palabras del corazón que conquistan los corazones sedientos del amor de Dios, y que las palabras pronunciadas desde un altar solo son una imagen irreal y superficial del ser humano, entonces, hermano, estarás condenado a la victoria.

Cuando descubras el camino hacia tu ser interior y seas guiado por la Luz que te lleve al Reino de Dios y aceptes que todo lo que el mundo te ofrece y donde te lleven todos sus caminos, dejaran de tener valor para ti, entonces, hermano, estarás condenado a la victoria.


Cuando la emoción baile en lo más profundo de tu alma al compás del orgullo y la admiración de vestir el Manto Blanco y sientas el respeto y el amor de quien a tu paso te llame Templario, entonces, hermano, sabrás que estas condenado a la victoria.

Templario… no existe victoria, ni mérito alguno en las obras de los hombres, cuya palabra es empleada para engañar, robar y matar. Ni tienen ningún valor sus promesas, cuando todo su esfuerzo es el de ofrecer esperanzas en un futuro de bienestar para todos, y lo que persiguen es un mundo maravilloso para unos pocos, afines a sus falsedades y engaños.

No hay mérito ni victoria alguna en quienes defienden cualquier tipo de religión que proclama la salvación de las almas de los hombres, cuando tienen la suya propia condenada.

Caballero y Templario… Cuando te domine el corazón y las lágrimas empañen tus ojos, no pienses que es un signo de debilidad. Son momentos divinos en los que Dios Padre acaricia con sus dedos tu alma, te protege con su Manto y te otorga la fuerza necesaria para empuñar su Espada, condenándote para siempre a la victoria, para mayor Gloria de Nuestro Señor.

+++Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros sino a Tu nombre sea dada la Gloria+++

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antolinvall
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