El Número Sagrado y Los Templarios

El Número Sagrado y Los Templarios

El Número Sagrado o de Oro y los Templarios. Es de suponer que Hugo de Payns, un noble ya maduro originario de la Champaña francesa, cuando conjuntamente con Saint-Omer asume la fundación de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo en el corazón de Tierra Santa, Jerusalén, no hace más que llevar a la práctica un mandato de la mente más preclara de la Edad Media, Bernardo de Claraval.

Tal vez, es cierto, en “dualidad” –figura luego tan típica del Temple- con Esteban de Harding. Se ha dicho de Bernardo que ha sido el último druida y que todo el conocimiento del santo derivó de haber bebido tres gotas de leche de una Virgen Negra. Esta tradición puede ser tomada así literalmente o ser interpretada desde un punto de vista alquímico.

En el vocabulario hermético de los alquimistas, la “leche de la Virgen” designa al agua mercurial, base indispensable para la obtención y fabricación de la piedra filosofal. Así el famoso alquimista Basile Valentín, dirá “Cuando la piedra está hecha y preparada con verdadera leche de la Virgen, toma una parte de ella y hace puro y excelente oro”.

Bajo esta nueva óptica podemos interpretar que el gran Santo había hecho al menos la excelsa preparación interior del alquimista que le había permitido lograr transformar su esencia en el más noble de los metales, el oro, entendiéndose todo ello en un sentido espiritual. Resulta además curioso que los Pobres Caballeros de Cristo reciban como dádiva por su pobreza el permiso para alojarse en las ruinas de lo que fuera el Templo de Salomón.

TEMPLARIOS Y CABALLEROS, HISTORIA, LEYENDA Y REFLEXIONES
Romanos 11:33: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
¿Es que no había otro lugar en mejores condiciones en el que se pudieran cobijar? ¿O debemos más bien pensar que por algo les fue dado y que entonces el rey Balduino II procedía de esa manera de acuerdo a un plan preestablecido?

El hospedaje en el Templo – del que deriva luego el nombre de templarios- permite a los nueve caballeros, durante nueve años, una prolija investigación y búsqueda arqueológica, poniendo al descubierto – entre las cosas sabidas- la enorme caballeriza de Salomón que podía alojar 2000 caballos o 1500 camellos. La búsqueda es incesante durante más de 3000 días, el tiempo que allí permanecen en soledad y absoluta posesión de las ruinas del Templo.


No sabemos a ciencia si encontraron el Arca de la Alianza o las Tablas de la Ley – como pretenden algunos de los Neotemplarios-, lo que sí podemos asociar es que otros nueve años después de su parcial regreso a Europa, el abate Suger – amigo entrañable de Bernardo-, en 1137 inicia la reconstrucción de la abadía de Saint-Denis, dando origen a un estilo arquitectónico desconocido hasta entonces, el estilo o arte gótico, que permitirá la elevación de los techos en Iglesias y Catedrales y paradójicamente el adelgazamiento de sus muros.

 ¿Qué es lo que han redescubierto, para nosotros, los templarios?

Entendemos que se trata del “Número Sagrado o “Número de Oro”, ya conocido por egipcios y pitagóricos, luego extraviado y recuperado por ellos y más tarde empleado por el gran Leonardo da Vinci al representar al hombre. No nos referimos al Número áureo, entendiendo por tal al ciclo lunar de 19 años en el que las fases de la luna se vuelven a suceder en los mismos días del año. Descartamos asimismo al número 1,666 dado como Número Sagrado por algunos autores.

El Número Sagrado o de Oro es 1,618 y su derivado el Triángulo de Oro fue utilizado por los egipcios en la construcción de la pirámide de Keops o Cheops. Si hacemos una sección de la misma, si la base es =1, la hipotenusa es = 1,618 y la altura =1,272006 = raíz cuadrada de 1,618. Esa relación fue utilizada asimismo por las Compañías del Santo Deber, las compañías de constructores dependientes del Temple en las construcciones de Catedrales. Si hilamos un poco más fino podemos ver que la tangente del ángulo que tienen las caras de la pirámide de Keops, que es casi 52 grados, justamente es 1,273, con lo que podemos imaginar que los que construyeron las pirámides – y nuestros templarios- conocían las medidas de la Tierra.


Podríamos ir aún más allá y tratar de encontrar una relación terráquea. El diámetro de nuestra Tierra es aproximadamente de 12.720 Km., lo que dividido por 10.000 nos da 1,272, que como dijimos es la raíz cuadrada del Número Sagrado. Casualidad o no, la altura del Montsalvage, de triste historia en la Cruzada contra los Cátaros u donde se dice estaba guardado el santo Grial, es precisamente de 1.272 m.

El Número Sagrado es además la relación entre la superficie del círculo y la superficie de un cuadrado cuyo lado sea igual al diámetro del círculo. También es el que corresponde a la relación entre el lado de un pentágono y una diagonal cualquiera. Por otro lado, si multiplicamos la raíz del Número de Oro por 2 nos da exactamente la medida de la pulgada en centímetros.

En el ámbito de las dimensiones y proporciones humanas; la altura total dividida por la distancia del ombligo al suelo o también el largo total del brazo hasta la punta del dedo medio dividido por el largo de antebrazo hasta la punta del dedo medio arroja similares resultados (= 1,6), equivalentes al Número de Oro.

Algún tiempo después de la presencia en descubierta de los templarios, un matemático de nombre FIBONACCI – e ignoramos si era templario encubierto- elaboró una serie de números: 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, etc. La serie surge de la suma de dos números, obteniendo así el tercero; por ej.: 1+2=3; 233+377=610, etc. Ahora bien, si nosotros a esa suma de dos números así obtenidos, lo dividimos por el último número sumado, nos da otro número que en la medida que aumentemos en la serie tiende cada vez más a acercarse al 1,618. Parece ser que un productor de conejos hizo una proyección de cuál sería su producción partiendo de una yunta y el resultado coincide con la serie.

Todas estas relaciones en nada extrañarán a los iniciados en los conocimientos, pero entendemos que serán útiles para aquellos que se encuentran en un momento psico-espiritual receptivo, en que sus ojos se abren y sus oídos están dispuestos a escuchar.

+++Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino a Tu nombre sea dada la Gloria+++

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